Ayer fue el día de La Tierra. Muchas marcas, siendo coherentes con el momento que está viviendo nuestro planeta y, sobre todo, con la conciencia que se está creando alrededor de la sostenibilidad, el ecologismo, el uso racional de las fuentes de energía… están virando hacia estos territorios para comunicar sus lanzamientos de nuevos productos, o servicios extras. Ejemplos no faltan. Desde Volskwagen plantando árboles hasta Ariel comunicando ahorro de agua, pasando por las energéticas, más renovables que nunca.
En estos días en los que en las conversaciones de los bares, en las noticias de los gratuitos, hasta en las principales redes sociales se hacen eco del evento, te permites la observación de las marcas desde el punto de vista de la temática del día. Ayer: la sostenibilidad.
Te fijas en acontecimientos como la entrega de la tercera edición de los Premios de la Marca de Esade, en los que el Banco Santander se llevó el gran premio. Según la noticia “…logra sintetizar la identidad y el posicionamiento de una organización global, pero con fuerte presencia local…”.
No entro a valorar aspectos como integridad y coherencia en la identidad y posicionamiento, que me parecen acertados, más allá de que es el discurso de líder cercano usado en otras categorías y aplicado a los servicios financieros de una manera sutil y eficaz. Lo que me parece relevante son los elementos de contacto con la marca que tenemos los clientes del banco. Desde luego, la sostenibilidad no se tuvo en cuenta a la hora de valorar a los premiados.
Los clientes del Santander, mediante Supernet (la banca en internet del grupo) y los cajeros, podemos no tener una relación muy directa con la marca. Pero cada mes recibimos una media de cuatro correspondencias, para recordarnos el tipo de banco en el que tenemos nuestra vida.

Cuatro envíos al mes en los que en uno de ellos, desde que sacamos las cartas del buzón, detectamos que va a ser especial. Nada más y nada menos que 13 páginas a todo color (el logo con la llama roja, por favor) con los movimientos de tu cuenta ese mes. Pero eso sí, el sobre, como abajo indica, es de papel reciclado.
Esto da una idea de lo preocupados que están por el devenir de nuestro planeta, y lo que es más importante, por la posible conciencia de sus clientes. Que más allá de sentirnos informados, aumentan la tradición de “en mi buzón, comida para llevar y el banco”.
Más allá del sector financiero, otro sector ultimamente muy sensible a la sostenibilidad y el ecologismo es el de la automoción. Se están viendo ejemplos verdaderamente originales en comunicación como Volkswagen, BMW, Renault… pero también otros que asombran por todo lo contrario, teniendo en cuenta la marca y el modelo que comunican.
Me refiero a uno de los lanzamientos del año en el sector, puede que el más espectacular y esperado, el del Fiat 500. Si has sido uno de los interesados, habrás seguido desde su exterior de 500 titulares, pasando por su spot de bajo coste hablando de masterpieces, las lonas iluminadas, la flagship store en Londres. Todo perfecto.
Pero cuál fue mi sorpresa tras haber experimentado las posibilidades de personalización, diseño y precio del coche, cuando compro la revista Squire y me obsequian con una “original” pieza publicitaria que rebaja la marca a tradicional, insostenible y aparatosa.

Un librillo animado en el que si pasas las páginas a cierta velocidad puedes ver el spot.
Como aparece en la foto, el grosor de dicha acción es comparable al de la revista. Papel, papel, y más papel para completar una campaña que acaba estando por debajo del producto y la experiencia de marca.
Ejemplos de marcas sostenibles los hay y muchos, pero de todo lo contrario son los que sorprenden y acaban por chirriar en marcas tan integrales y coherentes como las que hemos visto hasta premiadas.
Mientras unas marcas plantan árboles, otras, los cortan.