Imagina que un sector fuera durante mucho tiempo una gran máquina de hacer dinero. Los clientes hacen cola para poder sentarse ante una chica que teclea símbolos raros mientras mira absorta la pantalla de su ordenador, la gran herramienta comercial son enormes catálogos de fotos retocadas… todo va rodado en el maravilloso mundo del turismo.

Pero poco a poco todo se va viniendo abajo. Los clientes toman las riendas, deciden qué comprar, cómo y cuándo. El mundo de ilusión se va diluyendo, los anuncios rodados en fantásticos lugares tropicales dejan paso a folletos impresos en blanco y negro, incluso las ofertas de cruceros y viajes amazónicos dejan paso a las promociones para el Imserso.

Hasta que alguien innova. Esta palabra al parecer está de moda, suena mucho, aunque a la hora de la verdad hasta su partida en los Presupuestos Generales del Estado se ha visto reducida, pero este no es el tema, ¿o sí? bueno, el caso es que una marca innova y no precisamente creando un medio publicitario diferente o un soporte de venta curioso ni nada que se le parezca. Sino que directamente reinventa el negocio y la manera de consumirlo.

Tradicionalmente, vender un producto turístico necesitaba de un local, de un equipo formado que supiera leer los símbolos extraños e incluso diseñadores que convertían un tres estrellas en un cinco Gran Lujo. Una gran infraestructura que necesitaba de una pirámide de recursos ancha.

Pero alguien llega y se cuestiona todo, incluso la misma esencia de la experiencia del viaje. Entonces se exploran los puntos de contacto del cliente con el servicio turístico y en esta fase de indagación de su proceso de decisión de compra se descubre que el momento realmente emocionante es simplemente la elección y planificación del viaje.

Y en ese preciso instante se ha llegado a la puerta de entrada a la innovación total:

¿Por qué la gente no se regala planificación de viajes u organización de sus vacaciones? A partir de ahí la innovación baja:

- a la distribución: si has creado un regalo, júntate con los regalos. Puntos de venta en los que convivan todo tipo de gadgets democraticamente curiosos (Vips y Fnac por ejemplo)
- al packaging: el producto se encapsula en una caja con un libro en su interior que ilustra perfectamente las alternativas de viaje.
- a la estrategia de precios: se consigue un importe diferente para cada producto, acercándolo a todos los bolsillos.
- y más, y más… y más declinaciones porque la raíz de la novedad es relevante, valiente y pertinente no sólo para el sector en el que se desarrolla sino para el momentum del público al que se dirige.

Y esto es a mi entender lo que diferencia una INNOVACIÓN TOTAL de una INNOVACIÓN PARCIAL, lo que diferencia las fórmulas de reinvención de un negocio de las anécdotas puntuales para impulsar las ventas en un determinado momento.

En estos tiempos de sobre innovación… ¿te viene a la cabeza algún ejemplo de innovación total o parcial?