La navidad es una de esas épocas geniales para cinéfilos de todo pelaje. Hace unos meses te hablaba de mi reacción a la experiencia del cine en 3D, la tercera intentona de la industria cinematográfica por utilizar las tres dimensiones. A mi personalmente asumir que el modelo de consumo de cine ha cambiado y explorar nuevos formatos me parece genial, como también lo están haciendo Spotify o Lastfm con la música (mal que le pese a muchos).

El caso es que aprovechando mi repaso anual de tendencias del año pasado (estate atento que he oído que el Doctor Streetwise está al caer) y uniéndolo al fenómeno del cine, hay una tendencia que me llamaba mucho la atención: El cocooning. Parecía una de las más lógicas. Si hay crisis, no habrá dinero, y si no hay dinero la gente se quedará en casa. Bueno, pues entre otros datos que nos deja el año, vimos con alegría el resurgir que vivió el cine al menos el primer semestre, habrá que ver el final del año. Esto, después de muchos años de tristeza y depresión, además del fenómeno Avatar y Up que han presentado en sociedad el 3D, merece creer en la esperanza.

Y si sumamos a este dato la espectacularidad del formato, ya no sólo por metros cuadrados de pantalla sino también por nivel de atención y actitud relajada del espectador. Siempre apetece encontrarse con acciones que sorprenden y despiertan una sonrisa (gracias Fran)

No con estas que invaden, molestan y decir intrusivas se queda corto:


El cine ha dado para mucho este año que nos deja, y el que viene pinta que lo seguirá siendo con Alicia a la vuelta de la esquina. Y es que por un momento que te pares a pensar, te das cuenta de gran fuente de inspiración que tenemos en esas salas, ¿no?: