El viernes una entrevistadora de Millward Brown, sin hacerme la pregunta de control de si trabajo en publicidad, nos hizo un cuestionario sobre posibles conceptos para un centro de ocio en los aledaños de la Calle Serrano a mi amigo Moncho (también planner) y a mí.
Las propuestas eran una especie de sports café más propio de centro comercial de extrarradio o inmediaciones de estadio de fútbol, un centro de moda, gadgets y demás productos que te puedes encontrar en una revista de estilo de vida y por último un concepto gastronómico hermano del Mercado de San Miguel.
Siendo sincero con la ingenua entrevistadora le comenté mi predilección por la última opción y la adecuación al barrio y al momento de consumo de la gente. Nos quedamos hablando con ella y nos dijo que ese concepto era también el favorito de la gente y el que más posibilidades tendría de materializarse.

Mientras contestaba sus preguntas, pensaba en el rotundo éxito de El Mercado de San Miguel. Desde el principio se convirtió en referente de la gente guapa de Madrid a las puertas de Latina, además de parada obligatoria para los turistas que visitan la ciudad.

El concepto de píldoras de lujo gastronómico tuvo aquí su puesta de largo. Ostras por unidad, copas de champagne, pintxos de ahumados e ibéricos de primera calidad, charcutería excelente y grandes vinos por copas presentaban una nueva manera de relacionarse con la exclusividad gastronómica sin tener que sentarse en mantel de tela con ambiente selecto y a 100 € el cubierto.

Y es que la tan manida tendencia de la democratización del lujo tiene en el ámbito de la gastronomía a su mejor aliado, y junto a la moda de las panaderías delicatessen, las enotecas donde poder completar la compra con vinos increíbles por copa… configura una oportunidad de mercado real y como tal, era cuestión de tiempo que los centros especializados en este tipo de oferta surgieran como setas.

Justamente entre los planes del fin de semana estaba la visita a la propuesta que El Corte Inglés ha planteado en la dirección de lo gastroaccesible. Ayer abrían el nuevo Gourmet Experience de El Corte Inglés,

Un lugar donde degustar los productos del Club del Gourmet del Corte Inglés, más los ibéricos de Cinco Jotas, los ahumados de Domínguez, una sucursal del gastrobar La Moraga de Dani Garcia, un sushi bar del Kabuki,… todo ello salpicado con mesas altas y zonas comunes donde consumir todo este festival del sibarita.

Aproveché para charlar con el encargado de Kabuki sobre el nuevo concepto y el rol del restaurante en el mismo mientras esperábamos nuestro, ojo: “menú doble para llevar por menos de 20 euros”. El concepto es “acercar productos exclusivos a un precio mucho más competitivo, una especie de Mercado de San Miguel, con menos turistas y con más estrellas michelín” me decía. “Una buena manera de rentabilizar la estrella y vuestra marca, no?”, le pregunté. Entre risas me dio la razón.

Al final va a resultar que tras haber escuchado a Ferrán Adrià renegar del marketing y de la gestión de marca hace unas semanas en Alimentaria, también hay restauradores respetados y admirados que no sólo son conscientes que también hacen marketing sino que además por la actitud que denotan, disfrutan haciéndolo. Y eso, me parece más respetable que vanagloriarse de cerrar dos años y perder dinero con un negocio. Lo siento, me gusta la mezcla de artista de los fogones y buen gestor de su marca.